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Militares. Los límites del silencio por Ivan Velez.

22 Febrero 2008 por Ivan Velez · 10 comentarios Imprimir este artículo Imprimir este artículo

  

 

Cuando en España se habla de un militar, muchos compatriotas, en un acto reflejo, como si de perros de Paulov se tratara, rememoran la imagen de aquel general gallego que, apoyado entre otros por la mayoría de los vascos y la banca catalana, instauró una dictadura que duraría décadas.

 

En los inicios del siglo XXI, el Ejército, convertido por la derecha en mercenario tras numerosos episodios de insumisión y objeciones de conciencia, parece haber quedado relegado a ser una especie de ONG (con apoyo gubernamental, como todas) que conserva, a modo de atrezzo, uniformes militares y armamento. Ningún político español osaría hoy hablar de una misión bélica por parte de nuestras tropas. Nuestros soldados únicamente se mueven con fines pacificadores.

 

El análisis sobre qué significa la tan cacareada paz daría para varios artículos. Apuntaremos aquí, al menos, que esa paz que tanto ansían nuestros representantes, es siempre la paz del vencedor. La lectura del “Discurso de las armas y las letras” inserto en “El Quijote” es esclarecedora. En ella, el soldado y escritor Miguel de Cervantes, muestra cómo las leyes (a las que llama letras) sólo pueden ser sostenidas por las armas. Más tarde el prusiano Carl von Clausewitz en su “De la guerra”, abundaría en las tesis del Príncipe de los Ingenios. Huelga decir, por otro lado, que la presencia de militares en la vida política de todas las naciones, es constante a lo largo de la Historia.

 

Recientemente, durante la celebración de la Pascua Militar de 2006, el teniente general del Ejército de Tierra, José Mena Aguado, provocó un gran revuelo al referirse a la situación que vive España. Su crítica intervención, provocó, en la llamada clase política y aledaños, otra reacción pauloviana de repudio, pues al parecer, de estas cuestiones sólo están facultados para hablar ellos mismos y algunos de sus palmeros, investidos de la autoridad que les confiere su condición de “intelectuales”.

 

Sin embargo, las críticas de Mena, vertidas en su libro “Militares. Los límites del silencio” creemos que son de lo más acertadas. El militar señala con precisión lo que Z es incapaz de decirnos, a saber: que su proyecto político conduce a una España confederal, a un conglomerado de estados unidos coyunturalmente, que pueden dejar de estarlo en cualquier momento, al detentar éstos su soberanía política, una facultad conseguida mediante maniobras tan anticonstitucionales como el célebre Estatuto de Cataluña.

 

En una sociedad autocensurada por medio de la implacable “corrección política”, es de agradecer que alguien que podría dedicarse a la vida muelle, dé un paso adelante y corra algún riesgo. El caso de Mena, cuyas manifestaciones se atienen escrupulosamente a la Constitución Española, debe servir para recordar las atribuciones y límites de cada institución, por más que el panfilismo reinante abomine de tal realidad e intente aplicar su particular ley del silencio.

 

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Etiquetas: Nacional

10 respuestas hasta ahora ↓

  • 1 Raúl // 22 Feb 2008 a las 12:29 pm

    Iván, no conviene tensionar, y menos ahora que estamos en campaña…
    La vía belicista no es la adecuada para la alianza de civilizaciones, según ZP. Hay países sin ejército o con muy poco que están mucho mejor que nosotros tanto econónica como socialmente, e incluso su seguridad.
    Quizás éramos un poco jóvenes, pero ¿estuviste de acuerdo en entrar en la OTAN? Luchar por la paz cierta incongruencia, por no hablar de la falta de resultados positivos más que demostrados. No digo que seguir los métodos de Ghandi o Luther King funcionen siempre pero el diálogo puede a veces conseguir más que las armas.
    Respecto al militar Mena, estoy a favor de sus comentarios pero no debemos olvidar su posición y riesgo que conlleva. Al fin y al cabo, es más peligroso lo que diga un tipo con armas que uno con plumas en una sociedad democrática y occidental, no así en otras, como el lamentable espectáculo de las famosas caricaturas de Mahoma. También es peligroso, e incluso a veces más lo que ciertos políticos dicen, pero ellos entran en el juego democrático y parlamentario (algunos, claro) donde todo es admisible, no así los militares.
    Se me plantea la duda de qué ocurre con los militares nacionalistas separatistas. Porque todos pensamos en los militares como “españolistas” pero supongo que en Cataluña y Vascongadas habrá algunos que no piensen así. ¿Lucharían por España o fuera de sus fronteras? Yo creo que los ejércitos acabarán estando formados por mercenarios a sueldo dado que será imposible homogeneizar las idelogías, creencias, valores, etc. además de conseguir alistar gente, pero ese es otro tema.

  • 2 ALFONSO // 22 Feb 2008 a las 1:11 pm

    Se supone que cuando se dice que existe libertad de expresión se puede hablar de todo; incluso se puede mentar la bicha y hablar de la soga en casa del ahorcado. Viva la libertad de expresión con la esperanza de que no abusen de ella los necios.
    Raul: Fíjate lo que acabas de decir: “Al fin y al cabo, es más peligroso lo que diga un tipo con armas que uno con plumas en una sociedad democrática y occidental”. No sé si cabe matizar ese peligro con un “al fin y al cabo” pues fin y cabo me suenan a sinónimos. Creo que no caben matices. Es muchísimo más peligroso y punto. Pero fíjate que, a pesar de la coincidencia general en ese aserto, Z ha negociado con indivíduos con armas. Que esos indivíduos no solo las tienen, como el General Mena, sino que además las usan. Que no están educados en su uso como lo están los militares profesionales.
    Fíjate que habla con los armados fuera de la ley y destituye fulminantemente a quien, al amparo de lo que entiende en nuestra Constitución, osa hablar de la defensa de su Nación. ¿Si es tan peligroso lo que diga un tipo con armas, que hace Z jugando con ese peligro en representación de todos nosotros?…

  • 3 Raúl // 22 Feb 2008 a las 3:18 pm

    Alfonso, totalmente de acuerdo, es muchísimo más peligroso negociar con quienes usan las armas si a terrorismo se refiere. Las consecuencias son previsibles. El problema es que si alguien piensa que vivimos en Barrio Sésamo (léase “Pensamiento Alicia”), como nuestro ZP, creerá que vamos a terminar dándonos abrazos, haciendo las paces y jugando todos juntos. Lo único que sucederá es que el chantaje al Estado será una práctica habitual.
    Pero no desviemos el tema. Como bien comentas, la libertad de expresión es fundamental, pero no para todos, como es el caso de los militares. ¿O puede un juez expresar abiertamente sus ideas, por ejemplo machistas, xenófobas, etc.? ¿O un cura? ¿O el rey? Por suerte o por desgracia, no tenemos todos los mismos derechos y obligaciones, como utopía está muy bien, pero como realidad es impracticable y derrumbaría nuestro sistema social.

  • 4 bill, the lizzard // 22 Feb 2008 a las 4:54 pm

    muera la inteligencia. viva la muerte!
    millán astray

  • 5 Leo Borj // 24 Feb 2008 a las 12:39 am

    ¿Puede un médico expresar libremente su sentir y contar lo mucho que disfruta fumándose un puro? ¿Se lo puede fumar?

  • 6 Antonio // 25 Feb 2008 a las 12:40 pm

    El ejercito tiene la obligación de defender el Ordenamiento Constitucional y la integridad territorial de España. Así lo dice la Constitución. Al que no le guste que la cambie, si puede.

  • 7 JLAP // 26 Feb 2008 a las 3:10 pm

    No estoy de acuerdo con lo que dice Raúl en referencia a la inutilidad de los ejércitos en el mantenimiento de la paz, y para muestra la acción de la OTAN en la guerra de Yugoslavia, sin bendiciones de la ONU, la presencia de tropas de la ONU en Somalia, que fue más efectiva gracias a la presencia masiva del ejército norteamericano, y cómo han ido aquellos países en los que no ha entrado ningún ejército democrático, por ejemplo, en Sierra Leona, en Eritrea, actualmente en Kenia, o de forma tardía en Ruanda.
    El Ejército Español se encuentra plenamente integrado en la sociedad actual, de manera que me parece excesivo pensar que sus opiniones rememoren los “ruidos de sables en las Salas de Banderas”, creo que eso es una visión decimonónica que, desafortunadamente, nos acompañó durante el siglo XX, pero que a su vez ayudó a profesionalizar la institución militar.
    Por otra parte no parece consistente ser anti-español y pertenecer a nuestro Ejército, y parece plausible ser catalán o vasco y español, a juzgar por las distintas corrientes de opinión que se aprecian en ambas sociedades.
    En referencia al problema de alistar gente, parece que puede ser solucionable a medio plazo con una mejora de la percepción social de la función militar. A título personal, he tenido trabajando de peones chavales con escas formación y menor motivación, que pretenden acceder a sueldos muy superiores a sus conocimientos. Por el mismo sueldo que les pagan en mi empresa pueden trabajar en el Ejército, adquirir titulaciones de especialista y, si lo desean, revertir de nuevo al mercado laboral con nuevos conocimientos y disciplina, con lo que sus perspectivas de futuro habrán mejorado mucho.
    Guillermito, como siempre extempóreo.

  • 8 JLAP // 26 Feb 2008 a las 3:17 pm

    Abundando en tu argumento, Raúl, de si puede un juez expresar opiniones machistas o xenófobas, creo que es del todo falaz, ya que estás dando por sentado que las opiniones se pueden expresar sean las que sean, y eso no es así. En Europa expresar opiniones afines al nazismo o que menosprecien el Holocausto, son punibles penalmente, y no dejan de ser opiniones particulares. La apología del racismo, el machismo, la pederastia, el terrorismo, no son opiniones válidas para ser lanzadas en público, no son opiniones personales legítimas, dignas de ser expresadas libremente.

  • 9 javier // 29 Feb 2008 a las 3:01 pm

    de interes

  • 10 javier // 29 Feb 2008 a las 3:11 pm

    Conozco personalmente al Gral. Mena y puedo asegurar que es un hombre de honor, que ama a su País, respeta la Constitución y sacrificó el pacífico final de su carrera para tratar de introducir en la conciencia de sus paisanos la gravedad de lo que estaba sucediendo en esta legislatura y lo que puede acontecer en la próxima si todo sigue igual y continuamos adormecidos. Al tiempo sirvió para tranquilizar al estamento militar que estaba inquieto por lo que estaba pasando y al Gobierno que rápidamente lo aprovechó para ofrecer su cabeza a los nacionalistas con los que pactaba a cambio de retocar ligeramente el estatuto aprobado en el Parlamento Catalán.

    Ojalá todos lis militares que han habido en este país tuvieran el talante y el espíritu de sacrificio del ciudadano Mena.

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