Esto es algo que yo ya me temía, pero echaba en falta que alguien de autoridad me lo confirmase.
Y es que yo siempre he dicho que la felicidad es amiga de la desgracia. ¿Por qué? Porque cuando uno está en una nube rosa los sentidos, el cerebro, no están en alerta. Y, en este mundo y por desgracia, en cuanto uno no está en alerta le puede pasar cualquier desgracia.
Por ejemplo: El otro día leí de una chica desdichada que iba hablando por el móvil y escuchando música a la vez, distraída y enfrascada a saber en qué conversación de adolescente cuando un tren la arrolló – La chica no se había percatado de que estaba cruzando el paso a nivel con la barrera echada – Y …Pasó a la eternidad, por decirlo de algún modo. Un minuto de descuido y uno pasa al otro lado de un plumazo.
Me acuerdo de hace poco que veía un capítulo de una serie de dibujos animados que me encanta: “Padre de Familia”. Esta serie me gusta por lo surrealista y brutal. Pues bien: Me llamó la atención un capítulo en el que la Muerte viene a buscar al protagonista: Peter, y éste intenta zafarse de ella, rompiéndole un tobillo…Todo absurdo, claro está. El caso es que parece que uno tiene que ser más listo que ese esperpento de negro con la guadaña siempre afilada y cualquier error es fatal.
Al hilo de esto, y al leer el articulillo de refrito en un diario de esos gratuitos, me puse a indagar un poco más en algo tan obvio: Si eres listo, no puedes ser feliz. O mejor aún: Si pretendes sobrevivir, no puedes dejarte llevar por la nube rosa!!!
Me pongo a pensar cómo serían nuestros antepasados cavernícolas, esos que andaban veinte kilómetros detrás de una manada de mamuts sin necesidad de orientarse con GPS ni tener un potente 4×4. Iban ellos con ropajes que apenas les guarecían del frío, sin termos de café ni bocadillos envueltos en papel de aluminio, ni siquiera un maldito mapa para orientarse. Sólo con sus cachiporras, sus primitivas armas y sus pies desnudos repletitos de callos que harían parecer mis pies de elefante los de un bebé en comparación.
Pues esos cavernícolas no creo que tuvieran tiempo para abstraerse mirando las rosas cuando el mamut fuera a embestirles, ni creo que tuvieran ocasión de ponerse a tontear con las chicas de la tribu de enfrente mientras a lo lejos se oye rugir la manada.
Supongo que los “tontos” de la tribu se habrían extinguido, al no llegar vivos ni a la edad de procrear, que por aquella época no subía mucho de los catorce años. Con la esperanza de vida tan corta y la cantidad de peligros y problemas que tenían que afrontar, no creo que tuviesen tiempo de dedicarse a la admiración y fascinación por la naturaleza.
Por eso creo yo que las pinturas rupestres eran más bien lecciones de caza y la pared era una pizarra o algo así.
Ahora, como somos los herederos “mimados” de aquellos cavernícolas, nos hemos empezado a relajar bastante y hasta nos preocupa el poder llegar a “ser felices”, así, en abstracto. Seguro que nuestros antepasados no tenían ni idea de qué era eso. Su vida era conseguir estar vivo al día siguiente y para eso la filosofía no ayudaba mucho…
Aquí, en el mundo contemporáneo y civilizado nos hemos olvidado de la muerte, a fuerza de tenerla lejana y catalogada como algo “para viejos”. No se nos ocurre que cada día que vivimos es un triunfo de nuestro cerebro sobre ese personaje de la guadaña, ni nos percatamos de que puede acecharnos desde cualquier esquina. Por eso, accidentes de cada día, sucesos trágicos nos conmueven tanto. No es porque sintamos dolor por la pérdida de las víctimas, porque ni las conocemos, sino por lo que nos viene a recordar con el mazo: Que nos estamos aburguesando en un mundo ficticio donde pensamos que hay que relajarse y quitarse el estrés de encima.
A mí me dicen a menudo que soy una tía un poco coñazo, porque cuando ando por ahí con mis amigos me ocupo siempre de revisar todo lo que pienso que puede ser potencialmente peligro: El gas apagado, la puerta bien cerrada, mira bien de noche no sea que venga alguien detrás, hay que tener cuidado donde deja uno el bolso no sea que se lo lleven, a ver qué fecha de caducidad tiene eso que me voy a comer…Un asco de tía, así no hay quien sea feliz, claro. Pero uno aprende. Una vez me pillé una salmonela de esas que un poco más y me lleva al otro barrio. Y fue por no fijarme de en qué condiciones estaba el bote de mayonesa que le estaba poniendo a mi comida. Y ojo, era una cadena de burgers que cerró en poco tiempo, claro, si ponían la mayonesa en botes altos a la intemperie, y cuando no se hacía con huevo artificial…
Hay ejemplos famosos de fiestas sonadas que acaban trágicas, como la famosa de Sharon Tate, que estaba en mitad de una fiesta hippie y entró un criminal con el cerebro echo agua como el Manson y no dejó títere sin cabeza. A buen seguro que si en vez de andar bebidos y emporrados hubieran estado más al loro de quién entraba en la fiesta y fueran además fans de Charlton Heston, alguno hubiera tenido un rifle a mano para combatir el ataque de la panda de asesinos que los masacró. En fin..Esto no es para justificar el tener armas en casa, pero tal y como andaban los tiempos y además siendo famosos, nunca hubiera estado de más tener unos cuantos guardas de seguridad, sobre todo cuando se es porrera y alcohólica demás de embarazada.
En resumen: Que al menos que no soy feliz, sé que mi cerebro es inteligente y me permite sobrevivir, aunque viviré más años pero con una mala leche y un ojo medioabierto como los gatos que no me dejará disfrutar nunca de nada…

1 respuestas hasta ahora ↓
1 Astaroth // 19 May 2008 a las 10:27 pm
Me ha gustado mucho tu post.
En el fondo la vida es como un sofá aparentemente lleno de mullidos cojines que en el fondo pinchan como cardos…
Tenemos el cerebro para cuestionarnos el sentido de la vida, y eso nos hace más infelices que la parte más baja y prescindible de la cadena alimentacia.
Somos conscientes de nuestra fragilidad y temporalidad y sin embargo le tratamos de encontrar un místico sentido a todo.
Miedo a morir y miedo a vivir. Curiosos somos los seres humanos…
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