Tienes el deber de ser cortès, sensato, paciente y cooperador con tus padres. Sì, sì, sè que te sacan de quicio, pero de ahora en adelante tù tienes un papel y es sencillamente éste:
Compòrtate impecablemente con ellos.
Cuida de ellos, si eso es lo que quieren o necesitan.
Apòyales, si eso es lo que quieren o necesitan.
Escùchales cuando hablen, sin perder los estribos, ni suspirar.
Aprecia que han tenido una larga y dura vida y que tienen mucha experiencia, parte de la cual puede ser útil, y tù no lo sabràs si continùas moviendo la cabeza e ignorando todo lo que dicen.
Visìtales, escrìbeles, telefonèales, comunìcate con ellos màs a menudo de lo que crees que deberìas hacerlo, aunque probablemente no tanto como ellos creen que deberìas.
No les hables mal delante de tus hijos; por el contrario, tràtales como si fueran los mejores abuelos del mundo.
Siéntete complacido cuando vengan a tu casa y permìteles ver el programa de televisión que quieran sin quejarte.
¿Y por què haràs todo esto? Porque ellos te dieron la vida, te criaron. Sí sí, sé que cometieron errores, pero tú les perdonas todo (…). Los padres merecen que se les trate decentemente cuando envejecen; necesitan atención y alguien que les escuche y les tome en serio, porque ellos hacen muy bien de canguros, generalemente, de forma gratuita.
Las reglas de la vida. El còdigo definitivo para una nueva vida feliz, de Richard Templar, para la editorial Pearson Educación.
Pilar Garcìa Juanes
terremoto-61.blogia.com

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