Señores,
Después del lío que ha provocado la huelga de transportistas hasta llegar a poner en peligro incluso algo tan normal y cotidiano como poder encontrar en el supermercado de la esquina de nuestra casa todo aquello que necesitamos para comer, ha vuelto a salir el tan habitual problema de cuando hay una protesta de este tamaño, capaz de cortar carreteras e incluso llegar al intento de asesinato como con aquel camionero que dormía en la cabina de su camión cuando lo incendiaron y él se salvó de milagro. Ya sabemos que una multitud es difícil que obre de manera racional, y más aun si la de aquellos terribles piquetes la formaban gentes poco formadas en urbanidad y en buenos modales como aquellos energúmenos. Me acuerdo de aquel día de huelga general en el año 2002, creo que era, y en el restaurante en donde trabajo se decidió abrir pese a como era ese día. Yo estaba en ciertas contradicciones conmigo mismo: apoyaba la huelga, pero necesitaba trabajar pues los días no trabajados se descuentan del sueldo, y ganando tan sólo unos 740 € al mes por entonces era muy arriesgado, temiendo perder mi trabajo. Los compañeros que vinieron a trabajar lo hicieron con miedo, como los aparcacoches del restaurante, que aquel día decidieron trabajar vestidos de paisano, en vez de hacerlo con el habitual uniforme, por si sufrían ataques de los piquetes. No se puede obligar a nadie a secundar algo en lo que no cree, es inhumano y a la vez dictatorial. Si esos piquetes hubieran cumplido con su denominación en plan eufemismo, lo de “piquetes informativos”, hubiera sido todo de otra manera. Pero como han hecho la huelga de manera tan chapucera y sólo han conseguido el odio casi unánime de la gente humilde del Estado entero, no han conseguido del todo lo que querían. Es verdad que la subida del gasóleo ha sido devastadora, inesperada, pero señores, con cosas como la comida no se juega. No obstante, una huelga estaría justificada en un tema tan aberrante como la terrible pretensión de la derecha europea de ampliar las 40 horas semanales de trabajo hasta 65. Si no suben los sueldos con casi duplicar las horas de trabajo, la cosa devendrá en simple esclavitud. ¿Qué pasa, que la vuelta arrolladora al poder del inefable Silvio Berlusconi en Italia les ha entusiasmado tanto y ya se creen Dios para cambiarlo todo como si nada? Por supuesto apoyaría una huelga racional, no una salvaje que sólo dé la razón a esa gentuza del capitalismo radical, cuyos iconos populistas son tristemente conocidos, y el peor fue Jesús Gil en su etapa de más de diez años como alcalde de Marbella.
http://blogs.que.es/2634/2008/6/10/el-desafio-los-transportistas
http://blogs.que.es/6527/2008/6/11/consequencies-i-danys-col-laterals-dels-excessos-la-vaga-de
JULIÁN JUAN LACASA

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