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Elecciones, especulación y demasiados edificios por Julián Juan Lacasa.

22 Julio 2008 por admin · Sin comentarios Imprimir este artículo Imprimir este artículo

Cuando se acercan las elecciones, sobre todo las municipales, como por arte de magia todo cambia: las calles se arreglan, las líneas de Metro se amplían o reforman, se inauguran nuevas sedes culturales, casas para ancianos, etc. Es difícil que eso ocurra en otras circunstancias. ¿Por qué será? El dibujante Miquel Ferreras, en “El Periódico de Catalunya”, lo resumió en un chiste gráfico suyo, en el que salía un grupo de ancianos sentado en bancos de un parque, después de haber escuchado pacientemente a un alcalde en campaña electoral, y uno de ellos decía: “Cada cuatro años viene a inaugurar el mismo parque. ¿Nos habrá visto cara de tontos?” Ese es el vicio que nunca se le curará a los políticos, aunque sean recién llegados sin estar aun viciados; ya les viciará el “uso diario” de la política. Por ello hace años que casi nunca escucho debates políticos por que cada uno de ellos sólo va a lo que cree que le puede dar votos o que le puede hacer quedar como un “ser superior” por encima de los demás. En la Comunidad de Madrid, a falta de pocas semanas para elecciones municipales y regionales, en unos dos meses se inauguraron más de cinco nuevos tramos de líneas del Metro, dos de ellas que llegan a las afueras de la capital española. Se imaginarán que en todas esas inauguraciones están los de siempre, bueno, la de siempre, Esperanza Aguirre, la Presidenta regional, ya que Alberto Ruíz Gallardón, alcalde madrileño, sólo lo ha podido hacer en las estaciones inauguradas en su término municipal, como la de Estadio Olímpico, sita en el Este de la ciudad, zona de Canillejas-San Blas (para quienes no conozcan la zona), acompañado de otro famoso mediático hoy en día medio olvidado, como el inefable ex-Presidente del Real Madrid, Florentino Pérez. La obsesión por construir y construir les ha llevado a algunos a invadir zonas verdes con toda clase de edificios y casas, sin entender que hay que dejar zonas sin edificar, como ví hace tiempo por la carretera Canillejas-Alcobendas: casi no había un palmo de terreno sin remover, y cuando no era una nueva urbanización que empezaba con delimitar sus aceras y calles, era una nueva autopista radial de pago (que luego muchos no utilizan por lo que cuesta usarla), una nueva pista para el Aeropuerto de Barajas y qué sé yo… No sabía bien si estaba en la Tierra o en la Luna con tanto agujero de obras. Cuando voy por Catalunya, la cosa está más repartida, sin ocuparlo todo las casas o las autopistas, y aunque allá en muchos pueblos marítimos también han sucumbido a esa epidemia de la especulación inmobiliaria y llenan todo de mamotretos de cemento al borde del mar, no sé, se ve diferente. En lo del Metro, residiendo yo en el barrio de Canillejas, sigo teniéndolo lejos, a un kilómetro. Y son tres estaciones, Torre Arias y Canillejas (Línea 5 Casa de Campo-Almudena de Osuna, una de las más largas de la ciudad) y la nueva estación de Estadio Olímpico (Línea 7, Pitis-San Fernando de Henares). Y en Barcelona, la casa de mis abuelos en La Floresta, uno de los cuatro pueblos que forman Sant Cugat del Vallès, también queda a un kilómetro de los FGC Plaça de Catalunya-Sabadell-Terrassa, así que siempre habrá algún sitio en la Tierra sin transportes públicos cerca, por lo que no hace falta que se molesten en construir y construir. Eso sí, en La Floresta, al ser una zona cercana a la montaña del Tibidabo muy boscosa, ahí no se permiten edificios altos, y lo más aparatoso que pasa cerca es la autopista Barcelona-Terrassa-Sabadell por el Túnel del Tibidabo (de peaje). Una forma ejemplar de armonizar la naturaleza con lo urbano sin agobiar demasiado lo segundo a lo primero. En Madrid algo parecido se encuentra yendo al Norte, a San Lorenzo del Escorial, Cercedilla ó Collado Villalba, aparte de los interesantes edificios históricos del primero. Claro que al ser pueblos con no mucha población, no caen en los excesos de una gran ciudad. Pero Barcelona no veo que construya con tanta ansia como la capital española; ni siquiera las reformas integrales de la ciudad cuando las Olimpiadas de 1992 tuvieron esa ansia como se vio en las monumentales obras de soterramiento de la M-30. Pero me pregunto, ¿no hay más obras de las que se necesitan? ¿No hay más edificios de los que la gente puede ocupar? Que lo de construir y construir no va a durar siempre. Y la crisis que ha estallado hace poco lo demuestra: exprimir el limón hasta la última gota sin prever el futuro es lo peor que puede pasar a los ricos, sobre todo a los nuevos.

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Etiquetas: Pruebas

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